Ninguna dinámica hace milagros por sí sola. Su verdadero valor surge cuando forma parte de un proceso mayor. Si las conductas y actitudes que impulsaste (mejores conversaciones, mayor confianza, reconocimiento constante, etc.) se mantienen, entonces tuviste éxito.
Pero ojo: una dinámica es como un auto de lujo que no puedes dejar estacionado en un entorno inseguro. El éxito está en integrarla a tu estrategia global, tener claro para qué la aplicas y dar seguimiento a los cambios deseados.